David entrena los martes y los jueves. Cuando se levanta para ir al cole, lo primero que le pregunta a su mamá es “mamí, ¿hoy tenemos entrenamiento?”. Su motivación por ir a entrenar es alta. A veces no entendemos del todo, qué es eso de la motivación. El proceso motivacional es complejo, en estas edades tempranas suelen estar provocado por varios factores; cómo refuerzan y se toman los papás que su hijo/a haga deporte, qué tipo de entrenador/a tiene, qué tipo de amigos se encuentra en los entrenamientos, cualidades físicas del propio niño, etc.

La motivación está vinculada, en gran medida, con la posibilidades que tiene el niño para alcanzar determinadas metas. Es decir, el niño, desde su capacidad cognitiva que no está muy madura, proyecta una serie de expectativas sobre sus capacidades y logros. A veces reforzadas por lo que observa en los adultos. Sobre todo en deportistas profesionales. Es bueno que los padres y entrenadores intenten hacer ver al pequeño que esas comparaciones o modelajes, que el niño persigue, son muy positivas. Pero que llegar a alcanzar esas expectativas deportivas supone un camino largo. Hacerle entender que ellos son más pequeños y que los deportistas mayores y profesionales también pasaron por su misma situación, cuando tenían su misma edad, les servirá para reforzar su autoestima y motivación.

 

En categorías benjamines y alevines, las diferencias, entre los peques, físicas son muy significativas. Los entrenadores deben entenderlo y favorecer el libre desarrollo deportivo de los niños. La mejora técnica, física y mucho menos táctica son un error, si se plantean como objetivos en estas primeras categorías formativas.

Como hemos comentado, la motivación, el poder jugar con otros iguales, el imaginar que pueden llegar a ser “grandes deportistas” y divertirse será la máxima prioridad de estos entrenadores. Si se consigue que un niño o niña se apasione por el deporte en estas edades, se puede estar garantizando el fortalecimiento de la salud del menor.

Todos los niños y niñas deben ser tratados por igual. En estas categorías no se debe hacer hincapié en aspectos diferenciadores de los pequeños. Los niños aprenden valores que les serán útiles en el futuro; lealtad, compromiso, organización, disciplina, juego en equipo, respeto a los límites y normas, respeto a la autoridad (por ejemplo al entrenador), etc.

Los tiempos de desarrollo serán diferentes para cada niño. El entrenador debe respetarlos. No debe forzar en los niños de estas categorías un ritmo de aprendizaje acelerado.

Por lo tanto, el pertenecer a un equipo, practicar un deporte y comprometerse toda una temporada a rendir en entrenamientos y competiciones debe ser para los peques una experiencia positiva. Es deseable que los adultos que son responsable de todo ello lo entiendan así.

Los continuos movimientos que realiza el niño durante la actividad deportiva, le ayuda a ir desarrollando una serie de aprendizajes que son fundamentales. Aunque es cierto que esta evolución en sus capacidades psicofísicas no suele ser tan valorada por los adultos. Esto que comento se puede percibir, fácilmente, en una persona que no ha realizado deporte en estas edades tempranas. Por ejemplo, suelen ser personas con una motricidad más reducida, con niveles de reflejos, atención y respuesta a los estímulos externos más reducidas.

El juego asociativo, o en equipo, es muy interesante, porque ayuda a los niños a interactuar, obeservar y comprender o interiorizar aspectos psicomotrices tanto en él, como en el resto niños. Además de que su coordinación se irá perfeccionando.

A nivel psicosocial, el niño despliega una serie de recursos internos (estados de ánimo, lenguaje, etc.) y externos (alianza con otros amigos, conductas, etc.) que serán un campo de aprendizaje perfecto para futuras relaciones sociales.

En definitiva, vemos algunos de los beneficios para el bienestar y salud de nuestros pequeños, si realizan una actividad deportiva. ¡Así que mucho ánimo!

Gracias y un saludo.

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